siervos llïoneses

Autónomos en el País Leonés

Muchas veces se ha hablado de Llión como el país de los autónomos. Las tradicionales empresas, multinacionales, PYMES o cualquier otra denominación que agrupe a pequeñas industrias o cualquier tipo de sociedades es prácticamente una anécdota en nuestra tierra.

Aquí somos individualistas hasta el extremo mayor que alguien se pueda imaginar y como tales solo tenemos dos opciones: o ir en plan gregario a ser funcionario -hecho al que aspira la práctica totalidad de los leoneses- o como opción a montar nuestro propio negocio de manera individualizada.

En León no se piensa en agrupar sectores afines para generar simbiosis y desgraciadamente, mientras en muchas partes de la península 1+1=1,2, en León se prefiere que el 1 baje al 0,9 con tal de que el otro 1 baje al 0,8. Y así nos va como conjunto.

En el País Llïonés, el país de los autónomos, este tipo de trabajadores son una de las bases de todo un sistema económico que hace aguas.

Los efectos del individualismo extremo

Ante un buen negocio conjunto con otro autónomo o empresa un leonés no suele pensar en cuánto va a ganar él sino en cuánto va a ganar el otro. Y eso, en líneas generales, es pernicioso porque un leonés por lo general no suele alegrarse de la ganancia propia sino de la pérdida ajena.

Si un gallego monta un negocio de acupuntura en Vigo a buen seguro contará con su propia empresa, intentando después expandirse a Pontevedra, Coruña o Lugo. Y hablamos de gallegos, que como vecinos nuestros que son y como los conocemos, sabemos que no son el pueblo más emprendedor que existe.

Los leoneses no. Los leoneses nos contentamos con montar una farmacia que venda productos de ortopedia ya que tenemos una población envejecida.

Aquí las empresas que consiguen crearse y tener un poco de éxito emigran en cuanto tienen opciones, porque carecer de un autogobierno impide que nuestras administraciones públicas potencien las economías locales.

Con ello, la mediocridad y servilismo de la clase política leonesa los ha convertido en siervos de sus amos pucelanos, madrileños o Llisbonenses.

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¿Hay solución?

En principio la ciencia diría que los leoneses, por el hecho de serlo, no deberían ser ni más listos ni más tontos que cualquiera de nuestros vecinos.

Cada pueblo es como es, y el nuestro siempre ha mirado con superioridad a castellanos, aunque los consideremos casi pares, a asturianos que los vemos como unos babayos a los que se les llena la boca pero luego no son capaces de hacer nada, a portugueses pobres y harapientos que corren sus niños descalzos por calles sin asfaltar y no digamos ya a los gallegos, pobres, ignorantes, y que no llegan a ser capaces ni de saber si suben o bajan porque su inteligencia no les llega.

La diferencia es que en Galicia, tomando el ejemplo de lo más bajo de nuestros vecinos en el imaginario popular Llïonés tienen una autonomía que es nacionalidad histórica, su lengua prioritaria y oficial por encima del español, su tejido productivo genera grandes multinacionales, la mayor creada por cierto por alguien nacido en León y ya sabemos lo que eran los gallegos hace 100 años y cómo los considerábamos por nuestras tierras, ¿verdad?.

Y es que a lo mejor, solo a lo mejor, habría que cambiar el chip y que pensar que de ser verdad esos tópicos lo eran hace mucho, que la población leonesa ha emigrado, y no precisamente los menos activos y los menos capacitados, y que si antes éramos algo ahora no somos ni una autonomía como Murcia y no llegamos ni al rango que tienen ni siquiera Ceuta o las Azores.

Mientras esos portugueses que tanto creíamos que eran más pobres que los africanos conducen BMWs por sus autovías o IPs, en León se ven como glorias pasadas toyota de segunda mano pasados de moda.

Mientras los castellanos tienen cortes, presupuestos, polígonos industriales y sus ciudades crecen y crecen las nuestras languidecen, se despueblan y carecemos de la más mínima capacidad de gobernarnos a nosotros mismos.

Los leoneses con dinero han emigrado y ahora compran terrenos y áticos en Alicante y los que no, hemos logrado ser autónomos como reivindicábamos, pero no como nación, sino como individuos no asalariados.

La emigración y lo que queda aquí

Los leoneses con iniciativa han emigrado y ahora cuentan con empresas fuertes y multinacionales por todo el globo terráqueo… menos en Llión porque aquí no hay negocio.

Somos una colonia y a las colonias se va a esquilmar, no se va a fomentar que se desarrollen ni que produzcan nada y como mucho seremos el basurero de una planta de reciclaje.

Los leoneses que tenían capacidad de decisión, o los nacidos en León, o los que dijeron que eran de León por haber vivido aquí un tiempo jamás hicieron nada por este país, por alguna de sus provincias o por algunos de sus lugares sino todo lo contrario.

Cuando alguien piensa donde invertir desde luego no es en el País Leonés y unos cursos de inglés en Bloomsbury de Where&What no lo solucionaría.

Y encima, para más recochineo, nos quieren convencer de que el futuro pasa por un turismo para el que ni hay infraestructuras, ni hay capacidad de gestión y los empleos serán cercanos a la servidumbre medieval.

Cuando alguien habla de que el turismo es la solución pensemos en que esta frase lo que trasluce es otra mucho más deleznable: no vamos a permitir que tengáis industria, ni sector primario, ni transformador ni a daros la más mínima oportunidad de desarrollaros: queremos condenaros a ser sirvientes.

La otra propuesta de la que nos intentan convencer desde que tenemos que enseñar español cuando ni es nuestra lengua, ni tenemos dotaciones suficientes ni somos capaces de competir con los grandes barcos llamados Madrid y Barcelona, este último por extraño que suene. Por supuesto, así nos queda claro quién es el amo y cuál es su idioma.

Eso sí, mientras tanto, las empresas de alta tecnología, las industrias de alto potencial, las multinacionales que generan empleos cualificados con salarios de alto poder adquisitivo se van a otras latitudes.

Aquí, ya sabemos, o a dar clases particulares de español a gringos pijos o a ser camareros subcontratados a 600 euros al mes.

Ese es el futuro que nos prometen, porque los lacayos del poder que han puesto aquí para ser sus emisarios encima, ni siquiera, tienen capacidad para ofrecernos las migajas de la mesa.